La madre (o en este caso el padre) del progresismo

Imagina por un momento que eres una chica de 17 años y, por cualquier motivo, te has quedado embarazada. Puede que vivas en una ciudad pequeña y, por lo tanto, el acceso a algo que parece tan básico como la “píldora del día después” no te fuera posible. Quizás sentiste miedo o vergüenza, al pensar que el farmaceutico o farmaceutica de tu pueblo, que te conoce de toda la vida, te viera yendo a pedir algo así. O quizás necesitabas desplazarte al pueblo de al lado, y no tenías modo de hacerlo. Total, que unas semanas después, descubres que estás embarazada. Probablemente no sea algo agradable: eres menor de edad, tu pareja parece estar casi más asustado que tú, tus padres pondrán el grito en el cielo cuando se enteren, etc. Asique le das mil vueltas a la cabeza, piensas en todas las soluciones posibles y, al final decides abortar.

Imagina ahora que tienes 30 años, una pareja y un trabajo estable, y un gran deseo de ser madre. Y te quedas embarazada, y todo parece ir bien hasta esa visita que haces al médico donde te dicen que no, que no va bien. Que si sigues adelante con ese embarazo, tu vida puede correr un serio peligro y que, aún en el caso de que tú pudieras seguir adelante, el feto no es viable y que lo mejor es interrumpir la gestación cuanto antes. Y decides abortar

Imagina ahora que eres una mujer joven, o de mediana edad, o la que sea, y estás sufriendo maltrato por parte de tu pareja. Tu dependencia económica, o emocional, o tal vez el presentimiento de que si le abandonas tu vida corre peligro, te retiene a su lado en contra de tu voluntad. Un día descubres que estás embarazada. Y lo piensas, y te das cuenta que por mucho que tu puedas aguantar, te niegas a traer a un niño al mundo para que se crie en ese ambiente. O tal vez, lo que te espante sea la idea de traer a SU hijo al mundo. Y decides abortar.

Cualquiera de estas tres mujeres podía interrumpir su embarazo desde 1985, año en que a las mujeres dejaron de castigarnos hasta con penas de cárcel si nos atrevíamos a tomar una decisión semejante. La diferencia es que, a partir de 2010, y con la nueva Ley de Salud sexual y reproductiva, durante las primeras 14 semanas no era estrictamente necesario el calvario de explicar al Estado los motivos privados por los que lo hacíamos. No era necesario pasar por un humillante examen psicológico, en el que casi teníamos que fingir que estabamos locas de remate y que no existía sobre la faz de la tierra alguién menos capacitada que nosotras para ser madres. Ahora, el señor Alberto Ruiz Gallardón, Ministro de Justicia, quiere que volvamos atras de nuevo. Quiere que la decisión sobre cómo y cuándo podemos ser madres, no la tomemos nosotras sino nuestros padres, nuestra pareja, un médico que no nos conoce o, incluso un cura. Este señor afirma que esto es progresismo y, no se vosotras, pero a mi me parece un retroceso enorme.

Laura Walias

By | 2017-11-02T02:17:48+00:00 febrero 1st, 2011|Opinión|